miércoles, 14 de septiembre de 2011

Dicen que sólo si esa persona es adecuada para ti se quedará.


Un día como otro cualquiera te despiertas pues ya no tienes sueño, te incorporas y miras a tu alrededor, todo sigue igual pero a la vez notas que algo no está bien. Quizás sea eso lo que no está bien, que todo sigue igual, que nada cambia y que tu vida es un bucle. Simplemente sientes que no tienes dónde ir, no sabes qué hacer, a quién acudir. Y entonces una tormenta de preguntas comienza a llenar tu cabeza formando una bola muy grande, que se enreda y no para de crecer ni de atormentarte. Quieres solucionarlo pero no entiendes nada y no sabes por dónde tienes que cogerla, tan solo sabes que te grita de forma desesperada que hagas algo, que lo soluciones, pero no sabes el qué. No sabes qué hacer ni dónde ir, te sientes mal, algo en ti te tortura, todas esas preguntas recorren tu mente y confundiéndote, y entonces empiezas a llorar, sientes que no aguantas más y que la única solución a esas preguntas es el suicidio.

Como ángel caído del cielo.

Nuestras clases siempre estaban cerca, siempre veía a sus compañeros, al lado, en frente, por la ventana, siempre, pero nunca le había visto a él, es como si no hubiese existido hasta ese momento. Era jueves, segunda hora y yo estaba cabizbaja por tener que dar matemáticas. Mi amiga me hablaba pero yo apenas la escuchaba. No sé muy bien por qué levanté la mirada, quizás solo buscaba ver qué había a mi alrededor para distraerme hasta que el profesor llegara, pero mientras la levantaba vi a un alumno que no me sonaba, parecía nuevo, es más, aunque llevase allí cuatro años, era nuevo para mí. Le observé de arriba a abajo antes de quedarme embobada con su rostro, parecía un ángel caído del cielo, parecía como todo milagro que una chica desea. Entonces me detuve en su sonrisa, era muy bonita y parecía iluminarlo todo literalmente, era realmente placentera y capaz de alegrar la vida a cualquiera. Subí un poco más la mirada y me topé con sus ojos, de un color castaño oscuro, los cuales me observaban detenidamente. Me sentí diferente, sentí que en ellos se abría para mí una nueva puerta, una puerta que llevaba a un mundo totalmente diferente. Era un mundo lejano, en el me podía evadir, me sentía a gusto, no me quería ir. Me quedé así, observando su mirada, perdida en ella. Lo único que podía ver a parte de eso es que dirigía una pequeña sonrisa hacia mí y entonces sonreí. Sonreí de pura felicidad como nunca antes lo había hecho. Por una vez en mi vida sentí que todo era como debía ser, sentí que algo había cambiado. Entonces, llegó el profesor y me dijo que entrase. Miré al profesor y después volví a mirar a ese chico que aún seguía con esa sonrisa, volví a sonreír y entré a clase con esa sonrisa tan grande en la cara y un "me gusta" en la mente.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Carta a Allie.

"Queridísima Allie:
Anoche no pude dormir pensando que habíamos terminado. He dejado de amargarme porque sé que lo que tuvimos fue real. Y si en algún lugar en un futuro lejano nos reencontramos en nuestras nuevas vidas, te sonreiré con alegría y recordaré como pasamos el verano bajo los árboles, aprendiendo el uno del otro y creciendo en el amor.
El mejor tipo de amor es aquel que despierta el alma y nos hace aspirar a más, nos enciende el corazón y nos trae paz a la mente. Eso es lo que tú me has dado y lo que yo esperaba darte siempre.
Te quiero, ya nos veremos.
Noa."