lunes, 15 de abril de 2013

No me eches de menos cuando no esté.

No me eches de menos cuando no esté. Me voy. Me voy lejos. Me voy allá donde la oscuridad y la soledad se vuelvan inmensas, allí donde mi dolor se atreva a mostrar su rostro, y así poder sentarme frente a él. Quiero que él me ayude a encontrar la paz. Pasaré los días y las noches a su lado, le preguntaré por qué sufro, cuándo se irá, y me responderá que pronto, que esa misma noche me abandonará; y a la mañana siguiente amanecerá allí, a mi lado, acariciando mi piel y susurrándome al odio aquello que me parte el corazón, lo sé. Porque es un mentiroso innato, porque hacer sufrir es la razón por la que fue creado. Sé que todos esos días que pase lejos de ti serán quizás los más duros de mi vida, y que él me hará sufrir hasta hacer que mi alma no sienta, que ya no quiera volver a reconocer qué es sentir, ni hacerlo, para así poder borrarte de mi recuerdo, de mi corazón, de mi vida. Pero también sé que él me explicará por qué he de quedarme, que me convencerá, cuando más ruegue mi libertad, de que ese es el mejor lugar que voy a encontrar. Me explicará por qué he de estar allí hasta que él pueda irse, que yo no me puedo liberar hasta que lo deje libre a él. Me hará ver que toda felicidad tiene un precio en esta vida, el sufrimiento. Sé todo esto mucho antes de ir, siempre lo he sabido, porque la vida no me ha ocultado esa faceta suya nunca.

Ahora que sé que te vas a ir, que me vas a abandonar, entiendo que éste es el precio que he de pagar por haberte tenido y por haber sido feliz a tu lado. Es por eso que te escribo estas líneas y por el que te pido que no me eches de menos cuando no esté.

viernes, 5 de abril de 2013

Carta a los dos años.

Para serte sincera, muchas veces estuve segurísima de que no llegaríamos hasta este punto. La verdad si pienso en antes de verano y ahora, siento que somos dos personas completamente diferentes como si fuesen dos relaciones, unidas de una extraña manera. La única razón por la que seguí es porque en ese infierno en el que se convirtió mi vida, lleno de soledad y amargura por el hecho de haber perdido aquello que era todo para mí, tu aparecerías y eras como un rayo de luz en esa oscuridad en la que ni llorar me calmaba. Cuando aparecías sentía que todo iba bien y que podía volver a respirar. Estaba mal, lo sé, te hacía daño ver que no te correspondía, pero te puedo asegurar que en el fondo de mi alma, la cual parecía indispuesta a sentir algo otra vez, había una voz que me calmaba, y era la tuya.

Tú no sentías que nada avanzase, ni yo podía mostrarlo, pero en lo más hondo de mi ser, tu existencia era la única razón para continuar, par ano abandonar (aunque yo sabía que muchos me creían loca por lo que hacía). Y bueno, después de mucho, aquí hemos llegado. Dos años ya, a mí me parecen tres, quizás más. Cada día que pasa tengo la sensación de que lo que siento hacia ti es más fuerte. 

Me gustas. Me gusta cuando me abrazas por detrás, cuando tus labios están blanditos y suaves. Me gusta cuando tratas de hacerme reír, menos cuando me haces cosquillas, pero me gusta la intención. Me gusta cuando dormimos juntos que te gires a abrazarme o cuando al despertar te sorprendo mirándome. Me gusta cuando me dices cosas bonitas, cuando me das un beso en la frente y cuando me acaricias. Me gusta cuando subimos a la terraza, o simplemente nos tumbamos, cuando intentas ser cruel conmigo o cuando estamos en la cocina preparando algo. Me gusta ir a comprar contigo, ver una película, una serie o hablar. Me gusta compartir cada pequeño detalle de mi vida contigo porque, aunque parezcan banales, esos momentos del día a día son los que conforman mi vida y que tú estés en ellos es muy importante para mí. Por eso y por más es por lo que te quiero.

Más de una vez he pensado en nosotros, en nuestro futuro, si tenemos hijos, si nos casamos, etc., pero tampoco quiero darle muchas vueltas porque he aprendido a no meter presión. Quiero que fluya y que el día de mañana sea lo que tenga que ser, sabiendo que el hoy es como es y que traiga lo que me traiga el mañana, nunca me podrá quitar el haber vivido los mejores días de mi vida con lo que hasta día de hoy, ha sido lo más importante para mí pues toda esa felicidad me compensa el mayor de los sufrimientos.

Gracias y mil veces gracias por quedarte, por no haberte ido, por haberme dado otra oportunidad. Sé que nunca podré devolverte todo lo que me has dado y que me darás, pero intentaré en la medida de lo posible ser merecedora de ello y devolvértelo.
Te quiero.
Paula.