lunes, 27 de mayo de 2013

Hoy el Dolor ha venido a visitarme. No entiende por qué no me he sorprendido, pero la verdad, a pesar de que sus largas estancias me han hecho llegar a tenerle cariño en algún momento, en el fondo de mi ser lo único que puedo sentir hacia él es odio. Odio porque ya no soy capaz de sentir otra cosa, odio porque me ha arrebatado lo que tengo. Es por el Dolor por lo que no queda nada de mi antiguo yo, ya no soy quien era, he perdido mi identidad, mis ganas de vivir, lo he perdido todo. Se ha llevado toda la ilusión y la esperanza, todos los sueños que un día tuve hasta quitármelo todo. Me dejó con un este enorme vacío que día a día se apodera de mí, consumiendo hasta la última célula de mi cuerpo, matando cada atisbo de felicidad e incluso de vida que tenía. Ya no vivo, solo abro los ojos al amanecer y dejo que transcurra el día mientras intento que mis pesados pulmones tomen aire y luego lo dejen ir. Aunque ahora que lo pienso sí debería sorprenderme, sorprenderme porque ha venido a pesar de que ya no le queda nada que arrebatarme, ya no le queda nada con lo que acabar, ya no puede hacer nada para acabar con mi vida. No obstante cerraré los ojos y me entregaré a él, dejaré que haga conmigo lo que tenga que hacer, porque si algo he aprendido es que la mejor forma de hacer que se vaya pronto es permitirle hacer aquello a lo que está destinado.