domingo, 26 de febrero de 2012

Tú, belleza desconocida. Tú, diosa de ébano. Tú, dueña de la hermosura. Tú, que rozas la perfección. Quisiera conocer aquello que escondes detrás tuya, el decreto de tu pelo rubio y largo, ese que cae suavemente paseándose sobre tus hombros y acariciando tu espalda. Quisiera saber el secreto por el que esa tez tan suave y clara me hace perder la cabeza. Quizás la clave esté en tus ojos claros, a veces tan puros y desveladores como falsos y dolorosos. O a lo mejor me equivoco y se encuentra posado en esos labios tuyos tan finos y suaves, tan dulces y sabrosos. A veces aparentas tan delicada cual dulce y pequeña muñeca de porcelana, frágil y sensible. Otras pareces tan fuerte y poderosa como la mayor de las domadoras que jamás haya visto. Eres la perfecta diosa de ébano que jamás haya conocido este mundo.