lunes, 15 de julio de 2013
Desde mi infancia mi corazón ha albergado mucha
esperanza e ilusión, no obstante ya en mi temprana juventud esta se ha visto
atacada constantemente por los recursos de la vida. Por cada golpe, mil días
para recuperarme. No obstante, podía seguir adelante, y pronto llegaste tú como
soplo de aire fresco, llegaste dotando a mi corazón de más alegría e ilusión de
la que nunca habría podido gozar. Durante un año soñé e imaginé sin límites,
viví en un sueño, hice cosas que jamás me hubiese planteado. Creí volar, creí vivir
en otro mundo. Durante un año apenas supe de preocupaciones, problemas o dolor,
no había espacio para ellos. Crecí tan rápido como mi corazón, el cual pareció
recuperarse de todas las puñaladas anteriormente recibidas y decidió hacer
crecer mi ilusión hasta límites insospechados, casi imposibles. No obstante,
tras un año que pareció pasar más que volando, pronto llegó el final, como en
cada cuento. Pronto llegaron las duras y frías palabras en un día en el que hoy
corono como el día en que mi corazón decidió abandonarme y dejarme a merced de
mi suerte. Aquel día sentí como si se me fuese arrebatado el corazón, el alma,
la ilusión, la vida...todo aquello que una vez fui partió sin mí para no
volver. Los días oscuros llegaron y el dolor y la pena albergaron mi ser para
lo que parecía ser un estancia interminable. Desde entonces y hasta día de hoy
he tratado de luchar enérgicamente para salir de este pozo sin fondo, y aunque
he visto la luz notorias veces nunca he conseguido resurgir de mi cenizas cual
“Ave Fénix” . Y ahora veo que vuelvo a caer sin remedio hacia una infinita
oscuridad preguntándome si algún día alguien o algo podrá devolverme esa parte
de mí que se fue, si podrá siquiera ayudarme a salir de aquí o hacerme sentir
como él una vez hizo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario