viernes, 13 de septiembre de 2013

La cinta roja.

           Como en tantas ocasiones en mi vida, cuando ésta se volvía amarga, sonreí. Más aún, reí a carcajadas ante la ocurrencia de Talleyrand. No podía dejar que ninguna de aquellas personas para las que el éxito era su único dios, adivinaran que la valiente madame Thermidor, la compasiva Señora del Buen Socorro -y, sobre todo, la que ellos más admiraban-, la muy bella Teresa Cabarrús, sufría.