lunes, 2 de mayo de 2011

Carta de amor.

Me encuentro sentada aquí en el portal de un edificio, en una calle desolada, son las tres de la tarde de un día de primavera, el sol aprieta con fuerza y siento como atraviesa mi piel calentando hasta la última de mis células. La gente huye, busca sombra, en cambio yo sigo aquí con el corazón cálido, no sé si gracias al sol o a tu recuerdo, y lo único que siento es que he de escribirte.

Para empezar te diré que papel y bolígrafo no pueden resumir esto que siento, que mi sentimiento es muy grande y las palabras insuficientes, pero no me desviaré de lo que principalmente quería contarte. Hoy me hallo donde dos años antes, durante miles de veces te he esperado horas junto a ella, la celestina de nuestro amor. Y hoy al recordar eso siento que verdaderamente he de confesar todo lo que sentí y lo que siento. No intentaré escribir bien, ni que quede poético simplemente me dejaré llevar por la fuerza de los sentimientos, lo más basto, lo más puro, lo que sea real.

Desde el primer momento en el que te vi sentí que eras diferente a los demás que tenías algo que me hacía sentir mejor que me hacía cambiar, sí, eres un chico normal pero cuando te miraba sentía que lo podíamos adivinar todo el uno del otro, sentía que volaba, que me volvía frágil, vulnerable, pura, estúpida e inocente...cuando me mirabas me sentía alguien y a la vez comprobaba que no era nada, pero aun así era feliz. Eras mi primer amor, y todo lo que sentía era nuevo, se sentía bien, era bello, pero tenía miedo, miedo a amar, a ser amada. Muchas veces antes había hecho uso de esa palabra, pero nunca había tomado el sentido y la forma que tu le diste, ahora era de verdad y nada podía remediarlo, y era demasiado evidente como para negarlo.

Pero el tiempo ya ha pasado, son dos años más los que pesan sobre nuestras espaldas, muchas cosas han cambiado pero aun así tu sigues siendo mi primer amor, eso nadie lo puede cambiar, y a veces me arrepiento de algunas decisiones que tomé en aquel momento por miedo a sufrir. Luego intento convencerme de que eran lo correcto, pero pocas veces lo consigo, y es que me enseñaste a que tengo que amar, ser valiente, equivocarme y aprender de mis errores, y esa es una lección muy valiosa.

Hoy estoy aquí tirada en en esa calle donde esperaba todas las tardes a que pasaras. Ya has pasado como de costumbre, y nuestras miradas se han cruzado, nos hemos reconocido y hemos podido sentir todo lo que una vez vivimos. Pero tu mirada era turbia, quizás porque son demasiadas cosas que contar para tan pocos segundos, quizás como ya he dicho antes, los años han hecho mella en nuestras almas ya apagadas, quien sabe, no estoy segura. Y es que ahora mismo lo único que sé es que por unos sengundos me he vuelto a sentir viva, y que aunque pasen mil años tu serás el primero, el verdadero. 

Te amo.