viernes, 6 de mayo de 2011

Los latidos de mi corazón marcaban el tiempo, debían ir acompasados con el paso de la gente porque no podía sentir nada, pero mi corazón cada segundo que pasaba iba más rápido y a la vez más lento, nada me distraía, mi mirada era precisa y exacta, no dejaba de mirar esas puertas por las que debías aparecer, a veces me daba la sensación de que tenía tantas ganas que te veía aunque no estuvieses. Pero de repente apareciste, sí estabas ahí y esta vez era real, sentí como si no pudiese moverme. Una lágrima resbaló por mi mejilla, estaba llorando, sonreí de la forma más hermosa, alegre y estúpida que nadie haya podido jamás imaginar. Como si nada empecé a correr y a chillar hasta llegar a tus brazos. Supongo que todo aquel aeropuerto pensaría que estaba loca, y no se equivocaban, estaba loca sí, loca de amor, loca por ti, por tu pelo, por tu sonrisa, por tu mirada...por todo. Y en el momento en el que te abracé sentí que el séptimo cielo quedaba mucho más abajo de donde yo estaba.