lunes, 19 de marzo de 2012

Enciendo el cigarro y le doy una calada. Aspiro hasta que el humo llena por completo mis pulmones. Es extraño pero por un momento siento que ese humo llena el vacío que siento en el pecho. Exhalo el humo. Mi pecho vuelve a estar completamente vacío. Corriendo doy otra calada para que no vuelva a apoderarse de mí ese sentimiento. Me calmo con la siguiente calada y me paro a pensar y a aclarar mis ideas. Todo es confuso, no siento nada más que vacío desde que te fuiste. Suelto el humo y se apodera de mí, ha vuelto. Una lágrima rueda por mi mejilla. Ya no aguanto más fingiendo que no me pasa nada. Comienzo a llorar. Te echo de menos y ya nada es igual. Me he entregado al primero que me ha prometido cariño y mi vida se ha convertido en un caos. Te lo di todo y tú te lo llevaste. Ahora no me queda nada, ni siquiera ganas de vivir. El cigarro se ha apagado. Lo tiro al suelo desganada y me seco las lágrimas. Se ha hecho de noche. Otro día ha pasado y mi dolor no se ha ido ni tú has vuelto.