sábado, 8 de diciembre de 2012

El amor, como todo en esta vida, nace y perece.

Nuestra primera pareja, nuestro primer amor y para nosotros nuestro único amor. Hace un año de nuestros labios sólo podían salir palabras bonitas, promesas, y seguridad sobre un amor que era único, especial, puro, verdadero, el más grande que jamás se haya visto, como todos los amores. Sólo había espacio para las tardes tumbados bajo la manta, desnudos, sintiendo la suavidad de la piel del otro y su calidez, entre caricias y suspiros, besos y sonrisas. En nuestras mentes sólo había espacio para imaginar un futuro juntos por el cual lucharíamos pues nada ni nadie nos iba a separar. Hace un año, sólo hace un año tú eras esa persona que le daba ese toque especial a todos y cada uno de esos días de rutina que toca cargar sobre la espalda. Hiciste que hasta el peor de los días en mi mente se guardase como el mejor de los recuerdos. Lo hiciste tú y el amor que me hacías sentir por ti. Pero cómo cambian las cosas de un año para otro. Quisimos luchar pero no pudimos, quisimos que el destino no nos arrebatase aquello que tantas noches nos robó el sueño, que tantas veces nos hizo suspirar hasta quitarnos el aliento, pero luchar contra el destino es muy difícil y nuestros corazones no supieron aguantar tanto.La rutina es más fuerte que nada. El amor se acaba, como todo en esta vida, nace y perece como hijo de un proceso natural. Se acabó, ya no queda nada más que recuerdos de lo que un día nos pareció algo único, o quizás no. Dicen que el amor verdadero es tan sólo el primero y que los demás son sólo para olvidar, y quizás un día tú y yo tengamos que volver a vernos las caras y ver que a pesar de todo nos queda parte de ese amor, aunque esté muy escondido, pero hasta entonces nos tocará esperar y es que ¿qué nos queda ahora? Ahora sólo somos dos extraños que se miran e intentan olvidar y a la vez recordar lo que significó el uno para el otro, que tratan de no sentirse incómodos cuando hablan o cuando se tocan, que tratan de ser amigos y de adivinar lo que sienten el uno por el otro. Que tratan de hacer que una sociedad no les haga sentir incómodos por no ser lo que durante tanto tiempo fueron. Ahora sólo somos dos personas intentando que las caricias nos sepan a amor y los besos a miel sin poder conseguir siquiera un ápice de aquel sentimiento que un día culminó nuestros corazones y nos hizo olvidarnos de todo haciendo que sólo pudiésemos sentir amor, felicidad y nada de dolor.