martes, 19 de abril de 2011

Tanto duelen las verdades que preferimos dañarnos.

Las verdades duelen, y con tal de no decirlas nos callamos, nos callamos y tratamos de resolver las cosas a nuestra manera, devolvemos puñaladas, hacemos oídos sordos, nos volvemos ciegos e intentamos dañar al otro para que se comporte como queremos y deje de hacer eso que nos hace daño. Estamos entrando en un círculo vicioso con tal de no enfrentarnos, de no vernos las caras, de no decir las cosas claras y altas, y lo peor aún está por llegar. Nos conocemos, conocemos a nuestro enemigo y sabemos que aguantará hasta la última tortura, el diálogo, ¿enserio nos conviene debilitarnos antes de la última batalla? ¿enserio nos conviene seguir gastando nuestras armas para acabar perdiendo los dos la guerra?