viernes, 27 de enero de 2012

Echo de menos esos días.

Aún recuerdo esos días en los que levantaba la mirada y ahí estabas tú, a la otra punta del pasillo. Y daba igual, porque en cuanto te miraba a los ojos era como si estuvieses a mi lado, susurrándome todo lo que pasaba por tu mente. Adoraba perderme en tus ojos y descubrir en ti aquello que ni siquiera tú sabías. Eran dos puertas abiertas que daban a otro mundo, a uno muy grande. Perderme en la profundidad de tus ojos era lo mismo que evadirme de este mundo, lo mismo que dejar de pensar, de saber y de sufrir, era sentir paz conmigo misma. Y echo de menos el no poder ver a nadie más del mismo modo en el que te veía a ti. Echo de menos el saber que no me mentías, que lo sentías de corazón. Echo de menos el no tener que usar palabras, el poder adivinar las cosas. Echo de menos el perderme siglos en una mirada y no querer regresar. Echo de menos esos días.